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La selección no cierra las puertas

Por ahora no entran los ídolos

Lugar para los jóvenes

Luego del movimiento, los técnicos se encargaron de responder a todas las interrogantes. Por ejemplo, con respecto al equipo titular Púa dejó en claro que "hay puestos que todavía ofrecen dudas. En otros hay futbolistas que tienen una potencia que hace creer en ellos, aunque ahora no estén pasando por el mejor momento". El entrenador celeste agregó que "esta es una selección abierta, por ahí pasa que algún muchacho que hoy no está en el núcleo puede ser citado".

Passarella dijo que "me siento bien porque puedo ser auténtico, todos han sido honestos conmigo y mientras haya un clima de mutua objetividad, estaremos bien, también es cierto que todavía no se jugó, pero bueno...". El técnico hizo referencia a los pedidos que le hace la gente en los lugares que frecuenta por Montevideo: "en todos lados me tratan bien, en algunos hasta llegan a pedirme o reclamarme jugadores. Por ejemplo Ruben Sosa, Bengoechea, el "Pato" Aguilera, y yo les digo que esos jugadores para qué los voy a llamar ahora, ¿para que prueben qué? Cuando venga la eliminatoria, si están en buen nivel y son necesarios, los citamos y listo. Ahora es tiempo de probar a los más jóvenes para saber qué tenemos, la selección no cierra las puertas".

El primer paso ya se dio. Esta nueva celeste comenzó a tomar forma de la mano de un viejo conocido suyo, Víctor Púa, y con una mano tendida a un costado, la de Daniel Passarella.


Da igual

Nombraron la selección. La de la Copa América. Esa que, de alguna forma, invalida --o atenúa-- las habituales discusiones que se abren ante este tipo de circunstancias, por la propia definición que estableció Passarella en la conferencia de prensa que tuvo lugar el lunes pasado al decir que "no le podemos pedir a Víctor (Púa) que sea campeón; tenemos que respetar la palabra proyecto". Esto es: enfocada (no es novedad, se sabía de antemano) de esa forma, como un medio, como una etapa, no da como para debatir demasiado. ¿Qué importa si está fulano o no está mengano, si igual no interesa mayormente el resultado?

Más allá de eso, que es una reflexión que viene a la mente de entrada, parecería también que tampoco hay demasiado para objetar, partiendo de la base que carecen de solidez los cuestionamientos que hincan el diente en nombres que --porque están o porque faltan-- en una lista de 29, como ahora, podrían considerarse secundarios. La discusión por un eventual suplente, no vale.

Tomado como punto de partida el objetivo de los técnicos de que el plantel estuviera formado por algunos futbolistas que actúan en el exterior, pero no los que más han actuado, y por mayoría de valores locales, "están todos los que son y son todos los que están", salvo algunas excepciones tan puntuales como aisladas, que no dan como para argumentar que la elección en líneas generales no ha sido adecuada. Es decir: hay seis jugadores de Nacional, que es el mejor equipo de la actualidad, hay seis jugadores de Bella Vista, que es el otro conjunto que ha mostrado saber lo que quiere y lo que hace entre su participación en la Copa y fútbol de entrecasa de las últimas dos temporadas, hay pocos --y algunos objetables-- de Peñarol, que ha tenido dificultades para encontrar un nivel acorde a su historia tanto este año como el pasado, y hay futbolistas de Defensor Sporting, que es otro elenco que por algo siempre talla, como también de Danubio, que es otro cuadro que casi siempre juega bien, agrada, y en este caso, además, aporta a una firme promesa como Carini, y dos valores como Callejas y Podestá, a los que Púa conoce de la selección de Malasia.

Si acaso se podría decir que Corbo, Guigou, Vespa (lesionado en Rosario Central), Adinolfi y Marcelo Romero últimamente no han jugado. Es cierto. Y a eso agregarle que, en cambio, no fue tenido en cuenta --sobre todo en una lista en la que no abundan los atacantes-- Walter Pandiani, que no en vano está prendido en la tabla de goleadores del torneo Apertura, y tampoco Damián Rodríguez, que es uno de los pilares defensivos del campeón uruguayo desde hace ya un buen tiempo a esta parte, de la misma forma que podría argumentarse que, si se sigue el razonamiento de que no importa si los futbolistas están jugando o no en sus clubes, porque lo que pesa es que sus características respondan al tipo de fútbol que quiere desarrollar el técnico que los ha convocado, debería haber tenido una chance un arquero que no se puede mostrar mucho pero ya ha demostrado que tiene clase, y al que se sabe que Púa no ignora: Emilio Haberli.

Pero todo, en definitiva, está comprendido en lo expresado antes. El propio objetivo que se ha trazado para esta selección de la Copa América, como el lugar que parecería corresponderle en el plantel a quienes están y tal vez no deberían haber estado, o a los que no están y deberían haber sido citados, no da como para discutir demasiado. En ningún caso, ni Pelé, ni Maradona, ni Francescoli, figuran entre los que --por una razón u otra--pudieron haber quedado postergados.

Además, hay una realidad que muchas veces se pierde de vista en estas circunstancias: los técnicos eligen (y es lógico que lo hagan) aquellos jugadores que creen son los más adecuados para desarrollar la idea futbolística que desean sacar adelante. Su idea, no la de los de afuera, que nada tienen que ver en la conducción del cuadro. A ellos y no a los otros, al fin y al cabo, es a quienes los resultados --por más relativa que sea su importancia-- les dirán si acertaron o estaban equivocados.

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